Monday, February 4, 2013

[RED DEMOCRATICA] 264, Un minuto de palabras por Bonifaz Nuño

 





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DIRECTOR: GONZALO MÁRQUEZ CRISTO. EDITORES: AMPARO OSORIO, IVÁN BELTRÁN CASTILLO. COMITÉ EDITORIAL: Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo Fajardo, Mauricio Contreras. CONFABULADORES: Óscar Collazos, Jotamario Arbeláez, Maldoror, Fabio Martínez, José Chalarca, Rafael Ortega Lleras, Marcos Fabián Herrera, Chócolo, Olga Sanmartín, Freddy González, Gustavo Tatis Guerra, Sergio Trujillo Béjar, Argemiro Menco Mendoza, Guillermo Bustamante Zamudio, Hernando Guerra Tovar, Gabriel Arturo Castro, Profesor Martínez Guerrero. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Hermes Vargas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Nájar, Eduardo García Aguilar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros (Costa Rica).

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Con–Fabulación con el asunto "retiro"


Borges, el paradójico



Por José Luis Díaz–Granados*

 Un mediodía, el secretario de un rey fue al mercado y se encontró con la Muerte en figura de un encapuchado, que al instante le hizo un gesto amenazador con la guadaña. El secretario aterrorizado, regresó al palacio y le contó lo ocurrido al monarca.

—Le ruego, Majestad –––dijo en tono angustiado––– que me permita ir a Samara. Si salgo ahora estaré llegando allí a la medianoche.

—No hay problema —respondió el rey—. Vete.

El secretario salió despavorido. El rey, por su parte, fue al mercado y divisó a la Muerte con su guadaña. Se le encaró y le preguntó:

—¿Por qué le hiciste un gesto amenazante a mi secretario?

La Muerte miró al rey y respondió:

—No fue un gesto amenazante, Majestad. Fue un gesto de sorpresa al verlo aquí, pues tengo desde hace tiempo una cita con él en Samara hoy a la medianoche...

Palabra más, palabra menos, esta escalofriante narración rescatada de alguna leyenda rusa por Jean Cocteau, y que tituló "El gesto de la muerte", la recoge Borges en su libro Antología de la literatura fantástica (compilado con Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo). Aunque el cuento de Cocteau se sitúa en Ispahan, en "Las mil y una noches" el lugar citado es Samara, ciudad rusa situada a orillas del río Volga, y corresponde a una predilección del escritor argentino por "todas las Rusias", inclusive la de los primeros años de la revolución comunista.

En 1917, la revolución del proletariado dirigida por Lenin echó abajo el zarismo y con él a sus popes y archimandritas. Cuando el poder llegó por primera vez en la historia a las manos del pueblo, centenares de poetas cantaron jubilosamente aquel acontecimiento extraordinario. Y un joven porteño, culto e introvertido, educado en Ginebra —la misma ciudad donde Lenin y Tristán Tzará, el padre del Dadaísmo, jugaron una partida de ajedrez en el Café "Voltaire"—, escribió emocionado un poema al gran suceso de Octubre:

"La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje. / Con gallardetes de hurras / mediodías estallan en los ojos. / Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres / y el sol crucificado en los ponientes / se pluraliza en la vocinglería de las torres del Kremlin. / El mar vendrá nadando a esos ejércitos / que envolverán sus torsos / en todas las praderas del continente. / En el cuerno salvaje de un arco iris clamaremos su gesta / bayonetas que portan en la punta las mañanas...".

El poema, titulado "Rusia", nos fue revelado por Marcos Ricardo Barnatán, quizás el más juicioso biógrafo de Borges, en un artículo publicado en Buenos Aires poco tiempo después de la muerte del autor de El aleph.

No se trata sólo de un juvenil arrebato revolucionario como ocurrió con otros poetas de su generación (verbigracia: Octavio Paz), sino el comienzo de una larga cadena de paradojas con que adornaría su vida el portentoso prosista argentino.

No sólo renegó después de su entusiasmo inicial sino también de su adhesión a la España republicana. "Eso fue un error", declaró alguna vez. Sin embargo, cuando alguien le preguntó acerca de la poesía de Pablo Neruda, declaró textualmente: "Pienso que Neruda es un gran poeta, del cual van a quedar fundamentalmente sus poemas políticos. A mí personalmente me gusta mucho su Canto a Stalingrado".

Borges, a la par de excelente escritor era una paradoja viviente. No acababa de expresar su desprecio por la América india o negra o por las expresiones artísticas de "la cultura plebeya", cuando ya manifestaba su devoción por el orillero, el compadrito, el malevo del arrabal o por la novela policial, la milonga o el cine del "cow-boys". Solía burlarse de los mitos argentinos —Gardel, el fútbol—, y decía que prefería escuchar el tango "Loca" a oír el Himno Nacional, según cuenta Juan José Sebrelli.

Para Borges el más grande escritor de España era Rafael Cansinos-Assens, en tanto que Horacio Quiroga le parecía "una superstición uruguaya".

Declaraba que García Lorca era "un poeta menor" y que Cortázar le había dedicado "un poema, muy malo por cierto", pero elevaba a Macedonio Fernández a las más altas categorías de la lírica. Se sentía el más entusiasta admirador y conocedor de Whitman al mismo tiempo que defendía con vehemencia la intervención norteamericana en Vietnam.

Decía que era agnóstico, pero condenaba "el comunismo ateo". Muchas veces manifestó que era un escéptico. "No creo en nada", decía. Sin embargo, en 1978 se afilió al partido conservador.

Paradoja perenne: entre Jesús y Judas, el guerrero y la cautiva, los libros y la noche...

Atacó durante medio siglo a los descamisados de Perón, los que sin duda eran herederos de "la chusma bravía" de su admirado Evaristo Carriego. A Perón y a Evita los llamó demagogos, tiranuelos, nazi–fascistas. Pero se sintió muy honrado con una medalla que Pinochet le colgó en su veleidoso corazón. Ante la defensa de los borgianos de que se trataba de "bromas del viejo", Pedro Orgambide escribió que esas respuestas confundían a las gentes de buena fe que se preguntaban entonces "si Borges carece de toda información y pensamiento político, si padece de alguna enfermedad senil o se realmente hizo suya la metáfora de la infinita Biblioteca y no ha salido de allí en estos años". Y agrega: "El alistarse junto a los represores puede ser una broma, pero un broma sangrienta".

A Borges, el maravilloso escritor que citaba a los guapos sin haberlos conocido, le caía de perlas esta declaración hecha en 1986 por el poeta Juan Gelman:

"Borges cita a los guapos tanto que da la impresión de que quien escribe es un guapo que cita a Borges".

Extraña paradoja, ¿verdad?, pero ese era Borges, genio y figura hasta la sepultura.

 

*Poeta, narrador y periodista colombiano


 

Un minuto de palabras por Rubén Bonifaz Nuño

 

 

A los noventa años falleció el pasado 31 de enero en la Ciudad de México el escritor y traductor de clásicos latinos y griegos Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013). Le fue concedido el premio Nacional de Ciencias, Letras y Artes (1974), la Orden del Mérito en grado de Comendador (Italia, 1977), el Alfonso Reyes (1984), el Jorge Cuesta (1985), la medalla conmemorativa del Palacio de Bellas Artes (1997) y el Iberoamericano de Poesía López Velarde (2000). Autor de: La muerte del ángel (1945), Los demonios y los días (1956), La flama en el espejo (1971), Templo de su cuerpo (1972) y Fuego de pobres (1961) entre otros.

Con-Fabulación dedica este minuto de palabras en honor a su obra poética.

 

 

PARA LOS QUE LLEGAN A LAS FIESTAS

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquéllos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta
ya mucho después de entrados todos
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia,
porque no serán consolados
los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.

 

 

Entre el amor y el espanto

 

 

El exceso grabador y pintor colombiano, Augusto Rendón, cumplió el pasado 2 de febrero, sus primeros ochenta años. Para celebrar su aporte a la plástica colombiana publicamos un breve ensayo sobre su determinante obra artística.

Especializado en pintura mural y grabado en la Academia de Bellas Artes (Florencia - Italia), fue profesor de plástica de la Universidad Nacional de Colombia durante tres décadas. Su obra ha participado en diversas exposiciones entre las que destacamos: la Muestra de Artistas Latinoamericanos en Roma (1958), la Exposición Internacional de Grabado en Frenchen (Alemania, 1972) y la Bienal de Tokio (1962). Obtuvo dos veces el Primer Premio de Grabado en el Salón de Artistas Nacionales (Bogotá, 1963 y 1966), y el Premio Internacional de Arte sobre los Derechos Humanos (1968).

 

Por Gonzalo Márquez Cristo

 

La luz es una incesante herida en la obra de Augusto Rendón; la iluminación contrastada potencia la ferocidad de sus memorables grabados e inventa un ámbito donde ni siquiera los animales son ajenos al ímpetu del deseo o la batalla;  y también con frecuencia en su pintura, un claror posee a alguna de sus imágenes, condenando a sus antagonistas a una atmósfera lunar.

Durante seis décadas el artista ha hollado con obstinación los senderos del erotismo y la violencia. En el primero de los casos, como un secreto homenaje al Almuerzo en la hierba de Manet, fulgurantes figuras femeninas de sus lienzos (Cleopatra, Ishtar, Hera, Deméter, Afrodita) cenan desnudas con opacos hombres vestidos, en mesas cubiertas por manteles ondulantes, donde una perspectiva anárquica provoca tensión sobre los alimentos. Y estas grandes damas milenarias visitadas durante extrañas ceremonias gastronómicas, que componen una de sus más importantes series pictóricas, tienden a la simplificación formal soñada por Paul Gaugin —subrayo: en la estructura de sus figuras, no en el colorido isleño ni en la descripción étnica que perturbaba al parisino errante—. Y para complementar su enunciada vertiente erótica, los temas lésbicos o el sadomasoquismo son recurrentes y la piel de las mujeres con frecuencia adquiere colores psicodélicos. Pero fiel a la profunda dualidad que lo habita, Rendón sostiene también la visión sobre el tiempo que le ha tocado vivir, y enfrenta a las tinieblas de la subyugación o del oprobio, con recreaciones que delatan el sino trágico y sórdido del poder, plasmando sus figuras como James Ensor o Francis Bacon, en la frontera de lo repulsivo.

El artista, obsesionado por algunos temas perversos de la Biblia —"el libro de los despropósitos", como le gusta denominarlo—, enfatiza que uno de los pocos legados del cristianismo fue el maravilloso arte que produjo. Allí su perspectiva posee la singularidad de la ironía, atizando su crítica a "una religión tan cruel que propone la salvación en el dolor". Y así como ha dibujado Cristos bebiendo Coca Cola o con una mano desprendida de la cruz, también es notoria su intención burlesca, ofensiva, cuando pinta a Judith cenando sosegadamente mientras la cabeza de Holofernes reposa en una bandeja, a Eva de picnic con un Adán negro, a Jacob luchando con un ángel de patéticas garras, a los mensajeros divinos vestidos con ligueros y a las santas semidesnudas con aureola dorada, como blasfemo homenaje a su querido Giotto. En otras palabras, la Biblia fecunda de ironía gran parte de sus creaciones artísticas.

Nacido en Medellín en 1933, este virtuoso del dibujo, y especializado en pintura mural y grabado en la Academia de Bellas Artes de Florencia, fue el encargado de despertar durante los años sesenta el universo de la obra gráfica aletargada en Colombia, para contarnos con sus aguafuertes, linóleos y puntasecas la aciaga realidad política y social de nuestro territorio, denunciando masacres y desplazamientos, para rigurosamente ir construyendo con la fuerza de su trazo una de las visiones más arraigadas en nuestro trágico devenir.

No obstante aquí es fundamental aclarar que a pesar del antecedente temático inevitable —la serie Desastres de la guerra elaborada por Goya, de sus atmósferas en filiación con las piezas gráficas de Rembrandt —ese genio holandés que se impuso descifrar el trabajo de la luz—, y del fértil diálogo estético con Pedro Alcántara Herrán (su compañero de generación artífice de espléndidas serigrafías), en Augusto Rendón los grabados poseen el macabro delirio de su cosmos personal como se evidencia en Mataos los unos a los otros y Primera víctima, y también fundamentan su característico cinismo imperante en Ellas se defienden solas y en muchos de sus demenciales caballos bélicos. 

En la brillante serie Nonálogo de la violencia, realizada al carboncillo sobre papel e iluminada con óleo azul (fechada en 1968), el artista antioqueño entrega su poderío expresionista con despiadada conciencia, y plasma uno de los momentos notables del arte colombiano, pues "es al infierno de lo bello a donde queremos descender ahora", como lo había sentenciado Karl Rosenkranz en la introducción a la Estética de la fealdad.

Y mientras en sus dibujos la desgarradura y la injusticia son representadas sin piedad al propender por una barbarie estética, en sus óleos —a veces eclipsados por el resplandor de su obra gráfica— los obispos esgrimen su ignominia, los dictadores ostentan su abyección camino al matrimonio (como en Las farsas), los toreros son asesinados por su oscuro enemigo ritual provocando nuestra hilaridad, y las hechizantes mujeres de la antigüedad —ya mencionadas— exponen su luminosa desnudez ante figuras masculinas fantasmales. Pero también en una obra de mayor densidad como su magistral Tríptico de La Gabarra, que interpreta la masacre ejecutada por los paramilitares en 1999 en ese apartado lugar de Colombia, somos conducidos de una conquista amorosa (en la primera de sus imágenes azuladas) al rojo relato del genocidio en la segunda y posteriormente a la verde representación de un hombre desollado que abraza a una mujer escapada del exterminio, logrando allí la síntesis enunciada al comienzo, de los dos cauces que lo persiguen sin sosiego (erotismo y violencia), y esto para complementar ante nuestros ojos un universo marcado por los signos de identidad de un ser, que aún cree en el arte como el último refugio del hombre.

 

Blog de Augusto Rendón

 

 

Aquí cayó un Rayo

 

Por Fabio Martínez*

 

Cuando Omar Rayo comenzó con la idea de construir un museo en Roldanillo, una pequeña población ubicada en el norte del Valle, la gente pensó que estaba loco y que se trataba de una idea descabellada del artista. Para esa época la gente tenía la idea de que los museos y las obras de los artistas eran exclusividad de las grandes metrópolis como Nueva York, París o Bogotá. Rayo, que para la fecha vivía en la ciudad de Nueva York, después de tocar muchas puertas, inauguró en el año de 1981 (hace treinta y dos años) el museo que lleva su nombre.

Roldanillo es una pequeña población que está situada en la margen izquierda del río Cauca y al pie de la cordillera Occidental de los Andes. Posee un clima seco y agradable y una tierra fértil para la producción de uva y frutas como el maracuyá, la guanábana, la papaya, el madroño y el carambolo.

Cuando los campesinos vieron los cuatro módulos octogonales que fueron diseñados por el arquitecto mexicano Leopoldo Gout, y que están inspirados en la arquitectura Maya, pensaron que se trataba de ovnis que habían aterrizado en el pueblo.

Rayo y su mujer, la poeta Águeda Pizarro, comenzaron a hacer exposiciones individuales y colectivas, programaron talleres de formación artística, organizaron el 'Encuentro de mujeres poetas', que ya lleva más de veinte años de actividad continua, y editaron las famosas Ediciones Embalaje que se hacen con papel kraft.

Una de las actividades que más llamaron la atención no solo en el pueblo sino en el país fue la exposición Arte-vial, que estaba colgada a lo largo de la ruta que va a Zarzal; allí, el viajero podía recrear el ojo entre el paisaje natural, que es prodigioso en esta región del país, y el paisaje estético que imponían las vallas artísticas a lo largo de la vía.

Por el museo Rayo han pasado pintores de la talla de Rufino Tamayo, Roberto Matta, Luis Caballero, María Thereza Negreiros, Leonel Góngora y Mario Gordillo.

Allí han leído su poesía escritoras de la dimensión de Orietta Lozano, Amparo Osorio, Elvira Alejandra Quintero, Mary Gruesso y Olga Helena Mattei.

Todas estas actividades culturales que se suceden en el museo han servido para transformar espiritualmente a un pueblo que se ha venido forjando desde el siglo XVI.

El arte ya no solo es propiedad exclusiva de los grandes centros de la cultura, sino que poco a poco se ha venido instalando en las pequeñas ciudades y pueblos para bien de sus habitantes.

Si el viajero desea pasar un fin de semana en compañía del paisaje que nos brinda la naturaleza y el paisaje que nos regalan los artistas, puede subir o bajar (depende de donde uno se encuentre) y visitar el museo donde en este momento, y bajo la curaduría de Miguel González, se exhiben cuadros de Andy Warhol, Marcel Duchamps, Manuel Hernández y Omar Rayo, quien un poco antes de morir escribió el epitafio que reposa sobre su tumba, y que me sirvió para titular esta columna.

 

*Escritor y catedrático colombiano

 

Cuando se abren los patios de las escuelas

 

 

Por Enrique Rodríguez Pérez

Departamento de literatura

Universidad Nacional de Colombia.

 

Ahora que es época de comenzar las clases en las escuelas, los colegios y las universidades es oportuno reflexionar sobre algunos aspectos de la educación en nuestro país.

En la vida cotidiana de la escuela sucede una trama de acciones que favorecen de distintas maneras la formación intelectual, política, ética y estética de niños, niñas y jóvenes. Ese intercambio diario en la clase decide mucho sobre el futuro personal y colectivo de sus actores. Por esto, es prioritario facilitar en la escuela las condiciones requeridas para que se logre un diálogo con el entorno vital, un encuentro consigo mismo y con el otro y una interacción creadora crítica frente a los saberes.

Surgen muchas inquietudes sobre la función que hoy tiene el saber en la escuela, sobre todo porque tradicionalmente se ha reducido al "conocimiento" que hay que enseñar. Se ha consolidado como una serie de informaciones que el receptor, el alumno, debe almacenar en su cabeza; como un conjunto de asignaturas, guardadas en unos desproporcionados e interminables libros de texto, colmados de información, de procedimientos, de datos, de unidades sueltas, de fórmulas, de conceptos de segunda mano para reproducir en el tablero o el cuaderno. A la vez, esta visión ha fortalecido unas prácticas de autoridad que fortalecen la homogenización, por tanto el desconocimiento de las diferencias sexuales, étnicas, regionales. Esto ha arraigado la  reproducción de unas condiciones sociales y económicas inequitativas porque quien pasa por una escuela con estas características se acomoda fácilmente al engranaje de un sistema, no sólo regional sino global, que acentúa las desigualdades.

A pesar de este panorama, grupos de maestros y de estudiantes de muchas regiones, colectividades académicas e investigadores interesados en este campo, han logrado generar profundas y variadas transformaciones en el aula misma. Se trata de diseñar y realizar  más propuestas en esta perspectiva y fortalecer estos procesos innovadores ya en curso. La tarea es amplia: comenzar por replantear el sentido de los saberes y el lugar de la escuela dentro del conjunto social e institucional, reorientar la pedagogía hacia quienes aprenden y a sus contextos, revalorar los modos de evaluar y transformar las maneras de aprender a leer y a escribir. 

Si se hace un poco de memoria, ya con la revolución que produjo la fenomenología a comienzos del siglo XX, con Edmund Husserl, y luego con sus discípulos hermeneutas y de otras corrientes, el conocimiento que se asentó en verdades inmodificables se puso en cuestión. Además, se reconoció el papel que tiene el mundo de la vida en la construcción del saber. Sucesivamente se fueron dando giros con esta intención por muchas vías y en las diversas disciplinas. La investigación etnográfica, la teoría del discurso, las geometrías no euclidianas, la deconstrucción y las pedagogías liberadoras, destruyeron las posiciones dogmáticas e idealistas del saber. Sin embargo, hoy, la escuela ha sido poco permeable a estos enfoques de pensamiento.

En este sentido, las disciplinas y los saberes en la escuela exigen un tratamiento distinto. El conocer no surge de un sistema de conceptos cerrados, sean científicos, técnicos, artístico o de las ciencias sociales. El saber, más bien se construye desde las experiencias de los individuos, a partir de las diversas perspectivas que se van construyendo de manera personal y colectiva y que surgen en el vínculo con el entorno y con todo el flujo de relaciones histórico culturales que se ponen en escena. En este sentido, ni la matemática, ni la literatura, ni la historia, ni la biología, son estructuras cerradas, sus concepciones se enriquecen desde quienes investigan y desde sus contextos culturales. De manera que la escuela es un lugar propicio para investigar y crear saber bajo otra perspectiva. Así se abandona la educación informativa.

Surgen por eso preguntas como ¿Qué sentido tiene aprender hoy matemática? ¿Para qué saber filosofía si no se comprenden los fenómenos de la cultura local y universal y no se reflexiona sobre los derroteros de un pueblo o nación? ¿En qué medida el arte transforma la historia? ¿Para qué acumular datos de biología, geografía, química en un planeta que está siendo arrasado por el mismo ser humano?¿Para qué aprender la historia nacional y universal, si la violencia y la sumisión imperan? ¿Para qué cátedras de religión, de ética, de política, si los vínculos interpersonales, la solidaridad y el respeto se estropean de forma acelerada y violenta? ¿Para qué incluir la tecnología en el aula si se sigue repitiendo, copiando y reproduciendo la información que los medios de la información instituyen como verdaderos?¿Para qué leer poesía y literatura si no se interpreta ni se escribe sobre los autores?

Como ven, son muchos interrogantes, y faltan más. El hecho es que hay una imperativa necesidad de cambio en las prácticas diarias de aprendizaje en la escuela. Las posibilidades para ello son múltiples. Sobre todo, si se integra la vida a la escuela y si los saberes disciplinares responden a los contextos. Entonces, la matemática, el arte, la literatura, las ciencias, dejan de ser cuerpos de conceptos dogmáticos y certezas definitivas y ayudan a la comprensión del entorno y  a construir perspectivas distintas del mundo. Se trata de aprender a desarrollar los actos del comprender, los modos de actuar y de crear más que los conceptos en el vacío. Por ejemplo, construir el sentido de lo matemático para dimensionar lo económico o para elaborar concepciones de la cantidad, de la proporción, de la distribución y  lograr establecer sus relaciones con situaciones concretas y continuar  constituyendo modelos flexibles para interpretar el entorno inmediato o lejano; en geometría, dimensionar lo espacial, evidenciarlo en situaciones concretas y proponer proyectos innovadores, por ejemplo en planes concretos de urbanismo, vivienda y otros, en su localidad o región; en artes, tener experiencias creativas para construir visiones  alternativas del mundo que partan de la sensibilidad, la imaginación y la intuición  para ablandar las actitudes rígidas, hostiles y violentas; en ciencias, comprender situaciones en el laboratorio y afianzar actitudes investigativas para encontrar soluciones ambientales, de salud o de desarrollo industrial sostenido y respetuoso del medio ambiente; en literatura, filosofía o ciencias humanas, aprender a leer y escribir para constituir modos de interpretar el complejo tejido de la realidad y proponer e imaginar mundos posibles que desborden la mecanización, la recepción pasiva de la información y las actitudes cómodas, conformistas y neutrales de la indiferenciada  sociedad de hoy. Sin embargo, es cada comunidad escolar, integrada con entidades y organizaciones sociales y de producción quien define sus derroteros y prioridades y contextualiza sus saberes, como sucede con los planes decenales de educación, regionales y locales.

En este sentido, un enfoque interdisciplinar se hace necesario aún más hoy. Exige un trabajo cooperativo que rompa con la propiedad del conocimiento de cada disciplina. Así se logra una interacción entre los colegas de una institución y se genera un sentido distinto de autoridad que se distancia del modelo del profesor que enseña y el alumno que se instruye. Esto se logra si se opta por una mirada investigativa y con la interacción entre los saberes. De hecho, la realidad no se da fragmentada por campos de saber, sino como un conjunto complejo. Por eso, una formación disciplinar es insuficiente para construir un saber sobre el entorno vital. Una institución que logra construir equipo de trabajo académico y directivo y que ha consolidado un Proyecto Educativo Institucional (PEI) va a la vanguardia e influye en los cambios de su entorno, sea el barrio, la ciudad, el país o el mundo.

De igual modo, las pedagogías renovadoras hoy son posibles debido a muchos factores. Por ejemplo, los niños, niñas y jóvenes, aprenden desde edades tempranas a leer, a escuchar a escribir y a mecanizar procedimientos mediante el computador, el uso del celular de los juegos, celulares y otros artefactos tecnológicos. Es prioritario acercar la escuela a estas tecnologías y hacer más vivo e interpretativo el aprendizaje de la lectura y la escritura en la escuela, pues limitarse a reforzar de manera aislada las destrezas mecánicas, el uso de códigos o el manejo de las estructuras anula las posibilidades del estudiante de estar en continua interacción con su medio para construir una mirada propia sobre él. De modo que es necesario acercar la escuela a la vida del joven pues debido a la gran cantidad de información y saber que circula por fuera de la escuela, ésta se torna aburridora e inútil. En fin, si hoy, jóvenes, niños y niñas, por ende, maestros y maestras, leen un poeta o un novelista, si abordan una teoría de un científico o una concepción social, no se puede evadir el contexto inmediato en el que se produce esta interacción. Este complejo universo cultural de fuera de la escuela le clama por su inclusión.

Por otra parte, estas condiciones obligan a cambiar los estilos de evaluación, aunque en ello se ha avanzado en el país, tanto en la evaluación externa a la escuela como la interna. Se trata de abandonar la visión de la evaluación que busca sólo calificar, y por ello, discriminar; entonces, no se tiene el propósito rendir cuenta de una información memorizada o de una ejecución mecánica de procedimientos. Por el contrario, mediante una evaluación cualitativa y procesual definida con criterios abiertos, secuenciales y articulados se pretende reconocer el avance, las posibilidades o dificultades de los estudiantes en su paso por el sistema escolar, de modo que puedan desenvolverse propositiva y críticamente en su vida académica y personal posterior. Es decir, que se proyecten como seres autónomos, reconozcan sus compromisos y sus derechos y se visualicen como individuos y dirijan su mirada hacia el futuro, tanto personal como colectivo.  Esta renovación de la evaluación implica que las etapas de formación estén coherentemente dispuestas desde el grado inicial hasta el final, ojalá en una organización que relativice, actualice y contextualice los saberes  y opte por el desarrollo personal y procesual de los niños, niñas y jóvenes.

El panorama no es tan deprimente, en Colombia, siempre hay maestros y maestras que están a la vanguardia. Por diversos caminos, por ejemplo, a través del trabajo pedagógico por proyectos y a través de una metodología activa e investigativa han iniciado este giro educativo. Sin embargo, hace falta estimular más estos procesos y aunar esfuerzos para ello. Para esto, el lazo entre la universidad y la educación primaria y secundaria debe restablecer y consolidarse.

Este escrito es una invitación para fortalecer cualquier atisbo de cambio en la escuela, por insignificante que parezca. Aunque la responsable del deterioro contemporáneo ni de solucionar tal problemática no es sólo la escuela, sí es un escenario para muchas transformaciones, sobre todo porque allí están las personas que están dispuestas a imaginar, leer, proponer, pensar y disfrutar de la vida.

Que en este 2013 se consolide el trabajo cooperativo e innovador de los docentes en la escuela. Que en ella las ciencias, la literatura, la filosofía, las matemáticas, las tecnologías y las artes sean campos de acción viva. A su vez, que forme una generación con actitudes distintas a lo que hoy se vive en el país, con mayor sensatez, sinceridad y honradez en el actuar y que opte por un progreso mesurado y equitativo cuyo fin sea el bienestar colectivo y una visión de un futuro más justo.

 

 

CARTAS DE LOS LECTORES

 

PROFETA EN SU TIERRA. Felicitaciones al maestro Ángel Loochkartt por esa sucesión de homenajes tan merecidos. Estuve viendo su exposición en La Cueva y en el teatro Amira de la Rosa en Barranquilla, y como siempre que veo su estupenda obra me quedó la sensación de que es el mayor colorista vivo de Colombia. A Loochkartt la seducción y el color le nacen sin cesar. ¡Felicitaciones maestro!  Alejandra Manrique, profesora de arte.

* * *

LA ÚLTIMA DE ARMANDO VILLEGAS. Conspiradores de la Red, el gran maestro Villegas dueño de una juventud que nunca se marchita, lanzó otra de sus agudas columnas en el pasado número de Con-Fabulación. Es notable su penetrante visión de artista para denunciar que los millonarios se han vuelto minimalistas y que ya ni siquiera invierten en arte, pues dedican todos sus ingresos a lo más trivial que impone la sociedad de consumo. ¡Bien por esa maestro imprescindible! En verdad no hay forma de educar a los ricos. Juan Carlos Dueñas, artista.

* * *

MADE IN COLOMBIA. Es muy preocupante la invasión China en los mercados nacionales, pues ya desde una simple toalla de manos hasta el calzado más exigente son elaborados por la industria China, prendiendo las alarmas en todos los ámbitos del consumo nacional, pues no sabemos con este carrusel de ofertas a dónde irá a parar nuestra precaria producción. Juan Alberto Pineda.

* * *

PROMESAS ELECTORALES. Ojalá los demócratas y republicanos de Estados Unidos se pongan de acuerdo y finalmente se cumplan las promesas electorales de Obama de dar visa de residente a tanto latinoamericano que con su fuerza de trabajo ha permitido el engrandecimiento de esa nación. Helena Gaviria Gómez. 

 

 

Galería en la Red

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