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Saturday, March 7, 2015

[RED DEMOCRATICA] Rv: AL DR.JORGE RENDON: Buscando un Víctor Laszlo peruano

 

 
 


From: noriegasalaverry@despertarnacional.com
To: jrvecriv@gmail.com
Subject: RE:AL DR.JORGE RENDON: Buscando un Víctor Laszlo peruano
Date: Fri, 6 Mar 2015 17:02:33 -0700

RESPUESTA AL DR.JORGE RENDON

MI HERMANO JORGE

Estando aquí en Cajamarca; dado que mañana sábado iniciamos nuestro Segundo Congreso por la Unidad y una Nueva Constitución, donde  como muchos Victor Laszlo peruanos, queremos decir ¡basta!...y tal como señalas "...con fe en el país, que con su irrespeto al poder nos contagie a todos de su espíritu rebelde..."; yo le agrego:insumiso y hostil.
Procedemos a enviar en forma masiva lo de lineas abajo...es una cátedra actual y brillante...como la que dictabas en la Universidad de San Marcos.
Un abrazo.


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-------- Original Message --------
Subject: Buscando_un_Víctor_Laszlo_peruano
From: Jorge_Rendón_vásquez <jrvecriv@gmail.com>
Date: Thu, March 05, 2015 3:26 pm
To: federicoinfante@hotmail.com

Estimados lectores:
Les envío  artículo Buscando un Víctor Laszlo peruano, que considero importante, sobre lo que podría ser el alma peruana, publicado por el Gran Combo Club.
Cordialmente
Jorge Rendón Vásquez

Nota explicativa
Víctor Laszlo, interpretado por Paul Henried, es un jefe de la Resistencia en la película Casablanca, 1942, dirigida por Michael Curtiz, con la participación de Humphrey Borgart (Rick), Ingrid Bergman, Claude Rains y otros actores. En una escena en el restaurante de Rick, cuando los jefes militares nazis cantan Die Wacht am Rhein (El guardia sobre el río Rhín), considerado un himno patriótico durante la Alemania nazi, Víctor Laszlo le pide a la orquesta que interprete La Marsellesa, el himno de Francia. Esta lo hace y todos los franceses la cantan emocionados.

Por GRAN COMBO CLUB - Publicado el 03-03-2015
 
1. Del colaboracionismo al patriotismo
Bueno fuera que los colaboracionistas con el invasor se volvieran patriotas de golpe con sólo oír el himno nacional. Que el pueblo invadido y resignado a la derrota recupere la altivez y se yerga ante el ocupante. En nuestro caso, que los peruanos que padecen de desilusión social y nacional hicieran click y pudieran ver un camino diferente al que el ocupante ha impuesto.
La idea de tal conversión repentina no es más que una hermosa ficción de película, de una Francia ocupada y colaboracionista, en que en realidad los actos de resistencia y patrióticos fueron una excepción. Pero estas ficciones son poderosas y tienen la asombrosa capacidad de convertirse en realidad. Es lo que nos falta en el Perú: prefigurar lo que queremos. Necesitamos un Victor Laszlo peruano, lleno de fe en el país, que con su irrespeto al poder nos contagie a todos de su espíritu rebelde.
 
2. Lo social y lo nacional
En el Perú, como en tantos países, la oligarquía es colaboracionista. El pueblo es patriota. La resistencia al invasor chileno la pusieron los campesinos peruanos. La élite oligárquica se dedicó a enriquecerse y a desguarnecer al Perú, luego se rindió y finalmente cedió ante el invasor. Los héroes de la élite fueron los menos, y no sorprende que sean los más homenajeados, en comparación con los héroes campesinos y populares.
Históricamente quedó muy claro que ese fracaso nacional fue producto de un fracaso social: la explotación y esclavización de la mayoría de peruanos a manos de una minoría oligárquica. Un país así iba a ser siempre derrotado. La recuperación nacional del Perú pasaba por hacer cambios sociales. Ahí nace el Perú moderno, no con los liberales esclavistas y terratenientes, sino con el anarquista proletarizado Manuel González Prada y sus seguidores Haya de la Torre y Mariátegui La Chira.
Esta realidad, que un Perú oligárquico y explotado es un Perú débil nacionalmente, sigue vigente hasta ahora. La ola neoliberal forjada en los ochentas ha polarizado y debilitado nacionalmente al Perú. Nos ha regresado a la época del Perú invadido, sin soberanía nacional: en el Perú la oligarquía no puede mandar sin el apoyo extranjero. Siempre que el poder esté en la oligarquía, el poder estará también fuera del Perú. No puede haber soberanía nacional sin que el poder esté verdaderamente en las mayorías.
 
3. El fin de la fe
La desilusión nacional comenzó con la desilusión social. "Mal que el Perú se haya nacionalizado las empresas transnacionales", "mal que el Perú tenga empresas estatales", "mal que se hagan programas para los pobres, eso es populismo", "mal que los trabajadores tengan derechos laborales", "muy mal la reforma agraria", "los campesinos estaban mejor con el patrón", fueron las bombas de racimo que cayeron sobre las mentes de unos hambrientos peruanos, aterrorizados con inalcanzables precios de los alimentos, con agua con caca que salía de los caños y, como si eso fuera poco, con coches bombas y escuadrones de la muerte. Se firmó un "Tratado de Ancón" en que el Perú renunciaba a sus empresas estatales, para pagar su deuda externa, y aceptaba eliminar los derechos laborales de sus trabajadores, cual hacía un siglo el Perú renunciaba a sus departamentos del sur, a sus covaderas de guano y aceptaba pagar cuantiosos cupos al invasor. Las ideas-fuerza bombardeadas fueron las patas con las que se asentó el neoliberalismo en el Perú. Se creó una identidad peruana postiza, de "reinserción", de "globalización", de ser una marca y no un país soberano. Eso ocurría mientras las marcas peruanas de toda la vida, que habían resistido y mantenido su mercado interno, eran engullidas por las marcas transnacionales.
Todo esta desilusión social se incubó en las fuerzas contestatarias. Mientras a buena parte de izquierda, la más intelectual, se le había ocurrido declarar el "mito" de Sorel como la esencia del pensamiento de Mariátegui, la derecha avanzaba en sembrar sus ideas-fuerza, influyendo incluso en tan mítica izquierda. La izquierda, y también los apristas más rebeldes, fueron pasando del "mito" socialista al mito del "capitalismo popular" hasta que llegaron a aceptar capitalismo a secas. Hablaban de ilusiones y de aspectos volitivos cuando internamente sufrían un proceso de irreversible desilusión. "Hay que ser realistas; los tiempos han cambiado" decían quienes hasta ayer estuvieron hablando de "mitos movilizadores" y "horizontes utópicos". Ya eran flamantes "conversos", ora seguidores de Hernando de Soto y aupados al fujimorismo, ora opuestos a Fujimori y aupados al generoso financiamiento empresarial y estatal de los EEUU. Si algún compañero se ponía resistente, altivo y a contracorriente, era un ex-compañero converso quien lo refutaba y ridiculizaba, aprovechándose de los vientos a favor.
 
4. El cachondeo de los mitos
Efectivamente, mientras la izquierda hablaba de mitos y utopías, la derecha hilvanaba su reconstrucción en base a temas puntuales como los informales, las empresas públicas, los "costos laborales", etc. Al final, los mitos acabaron dentro de la izquierda con un burlón Carlos Iván Degregori desconstruyéndolos con el anti-indigenista "del mito del Inkarri al mito del progreso" y el anti-Flores Galindo "Del mito mariateguista a la utopía andina". Supuestamente se pasa de un mito a otro como se pasa la página de una revista en una sala de espera. Pero tal desconstrucción abrió las puertas del fin del horizonte socialista y la aceptación del "mercado" y de los principios del neoliberalismo. Esa desconstrucción era la desilusión en acción, era la pérdida de la fe, una desilusión del socialismo que acabó en convertirse en una desilusión del Perú.
 
5. El problema del blanco
Hasta Mariátegui La Chira se ocupó del "problema del indio". ¡Diablos!, ¿y por qué el problema es siempre el del otro? ¿Por qué mejor no hablar del "problema del blanco"? ¿O el "problema del criollo"?
En esa época una dirigencia intelectual de izquierda blanca buscaba "mitos" que movilicen a la población indígena, pero no se fijó en los mitos que movilizaran a toda la diversa población del Perú, comenzando por los mitos que la movilizaran a ella misma. ¿Es que sólo los indígenas tenían "mitos" o aspectos emocionales? ¿Y cuán viable es un mito alambicado para otra persona?
No, aquí cada quién tiene su "problema". Mejor es ir poniendo las cartas sobre la mesa y problematizarse a sí mismo inclusivamente en un gran ñoqanchis nacional, antes que en un exclusivo ñoqayku en que otros siempre queden fuera.
Como ya he señalado anteriormente, aquí,
En la izquierda peruana falta más gente como el vicepresidente boliviano Alvaro Garcia Linera, un blanco que no tiene ningún prejuicio en seguir a un líder popular indígena. Tal visión es inexistente en la izquierda peruana, acaparada por gente de una élite blanca que más bien espera que los líderes populares indígenas los sigan a ellos. Y si estos líderes populares son radicales, proactivos, y no pueden domesticarlos dentro del statu quo, a lo que se dedican es a socavarlos y condenarlos.
Mitos para los otros, poder para mí, parecía y parece ser la práctica. Y como propuesta mítica no había mucho más que la frase hecha "todas las sangres", que usa el título de la novela de Arguedas (que no trata para nada sobre la multiculturalidad del Perú). Es una propuesta que está contenida en la maravillosa obra de Yuyachkani "los músicos ambulantes". Punto. Lo concreto lo pone la derecha. Unos mitos así desde luego que no invitaban a soñar mucho.
 
6. Las moralejas de fondo
Los mitos no son literales, pues; son simbólicos. Una persona racional y materialista filosófica puede "creer" en mitos si los ve como sabiduría fabulada. El mito de los hermanos Ayar sería la historia de cuatro tribus de la cuáles salió el grupo humano que fundó el imperio Inca. En tal sentido, siempre he visto el mito del Inkarri como la historia de un pueblo traumáticamente descuartizado y dividido ("fragmentado" dirían los sociólogos cotlerianos) por el invasor. Un pueblo que se está reconstruyendo y que sueña con que sus partes vuelvan a unirse orgánicamente y vuelvan a la vida. Que vuelva a tener una cabeza y un cuerpo y que actúe humanamente, pero no como "superhéroe" o caudillo o el Terminator que vuelve a la vida de gotas de mercurio, sino como pueblo. ¿Tan "arcaico" y a-progresista es este mito como aseguraban Vargas Llosa y Degregori,1respectivamente? No lo creo. Arguedas magistralmente se imaginó un migrante andino en la urbe limeña, que hablaba castellano y quechua, que dominaba la técnica del invasor dentro de su propia identidad, como, por cierto, lo han hecho tantos pueblos de más PIB per cápita que el Perú. El "mito del progreso", el mito del mayor PIB per cápita, es un mito que no entusiasma a mucha gente, ni siquiera a los más talibanes del neoliberalismo, tipo los editorialistas de El Comercio.
 
7. "Que no queden prisioneros"
Un pueblo sin ilusión es un pueblo desguarnecido, que puede ser fácilmente aniquilado por una turba enemiga. Eso le pasó al Perú en los noventas, con reformas económicas y sociales impulsadas desde fuera del Perú, con un agente de otro país como Montesinos haciendo y deshaciendo en el estado peruano, con el remate del país a intereses extranjeros en corruptas privatizaciones. El discurso oficial peroraba sobre una recuperación del orgullo nacional, contenido en las mejores tasas de inflación y de crecimiento, pero la procesión iba por dentro en un claro aumento de la desigualdad y de la pobreza, particularmente a finales de los noventas y comienzos del presente siglo. El Perú ya lleva un cuarto de siglo de neoliberalismo incontestado, una bella época oligárquica, con instituciones públicas impulsadas abiertamente desde afuera, como en los tiempos de Leguía en que en cada organismo estatal había un ciudadano de los EEUU encargado. ¿Ministerio de Trabajo? USAID ¿Educación? USAID ¿Poder judicial? USAID. ¿Descentralización? USAID. ¿Defensoría del Pueblo? Criatura de USAID. ¿Privatizaciones? impulsadas por USAID. ¿Lucha antinarcótica? USAID, CIA, DEA, Departamento de Estado. ¿Marina de guerra? Comando Sur de los EEUU ¿Policía? Comando Sur de los EEUU. ¿Alguien protesta? No faltan los colaboracionistas que van a justificar la intervención de otro país en el suyo. Así de grave es la comida de coco en el Perú. Se cree que ante la supuesta incapacidad de los peruanos el Perú necesita ser gobernado desde afuera. Siempre una empresa estatal extranjera será mejor que una empresa estatal peruana y siempre lo que haga USAID será mejor que lo que haga cualquier grupo de peruanos elegido por peruanos.
 
7. Buscando qué buscar
Quien no está convencido de algo no puede convencer a nadie de nada. El día en que un pueblo deja de soñar es el día en que un pueblo desaparece. Sin ilusión no hay poder. Y no sólo poder: no hay existencia posible. Acaso todavía alguna chispa de esperanza pueda incendiar la seca y agotada pradera de la desilusión. Acaso venga por ahí un Victor Laszlo peruano, que acaso sean muchos y diversos, como es el Perú, que diga ¡basta!
 
Degregori cree que el mito del Inkarri orginal es "mirar al pasado", "esperar al Inka" y que sólo con la modernización capitalista, que él llama "mito del progreso", el mito andino se "contamina" de una nueva ideología. Por sí sólo el "mito del Inkarrí" es pasadista y pasivo. Sólo adoptando los elementos de la "modernidad" es que implica algo positivo. El mito del Inkarrí fue asociado por "la vertiente radical" al socialismo. El "mito del progreso" en cambio viene con el mercado.
 
1 La vertiente radical, reeditando al Valcárcel de Tempestad en los Andes, quiso leer en el mito el anuncio de una revolución inminente: indígena, socialista o incluso, durante el velasquismo, "ni capitalista ni comunista".
Poco a poco, sin embargo, incluso los propios mitos y relatos del ciclo de Inkarrí van siendo contaminados por la nueva ideología.
Lo cierto es que el tránsito del mito de Inkarrí al mito del progreso reorienta en 180 grados a las poblaciones andinas, que dejan de mirar hacia el pasado. Ya no esperan más al Inka, son el nuevo Inka en movimiento. El campesinado indígena se lanza entonces con una vitalidad insospechada a la conquista del futuro y del "progreso". La escuela, el comercio y en algunos bolsones el trabajo asalariado, son los principales instrumentos para esa conquista a la cual la migración a las ciudades —crecientemente planificada— le abre nuevos horizontes.
DEL MITO DE INKARRI AL MITO DEL PROGRESO [Flecha izquierda con gancho  





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Posted by: Alamiro Enrique Gutti Martin <anto_gutti@yahoo.com>
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