
�Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos�.
An�lisis de un art�culo de Juan Goytisolo
Inger Enkvist
Universidad de Lund
Suecia
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Resumen: >El art�culo que se va a analizar a continuac�on tiene el t�tulo �Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos� y se public� en El Pa�s en 26 de noviembre de 1990. M�s tarde fue publicado otra vez en El bosque de las letras (1995) y Ensayos escogidos (2007). Todo esto lleva a pensar que el propio autor est� contento con su art�culo, porque si no, no hubiera vuelto a publicarlo. El art�culo consiste en 1956 palabras, distribuidas en 41 oraciones y 8 p�rrafos. El art�culo ha sido elegido por varias razones: es t�pico de c�mo escribe este autor que ha recibido muchos premios y est� constantemente presente en la prensa; adem�s, necesita ser analizado para ser comprendido cabalmente.
Palabras clave:
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1. Durante mi reciente visita a un Buenos Aires sumido en una profunda crisis social y econ�mica, pero con una
curiosidad intelectual y af�n de saber menos epid�rmico tal vez que los de nuestra presunta �capital cultural de Europa�, los comentarios de mis interlocutores, ya en p�blico, ya en privado, se centraron frecuentemente en un tema: el de la arrogancia y ostentaci�n de riqueza de un vasto y llamativo sector de la actual sociedad espa�ola.
2. Desde la profesora que, tras preguntar por el precio de un art�culo y no poder adquirirlo con sus devaluados australes, recibi� en plena cara, como un cantazo, el calificativo de sudaca, hasta el escritor que a su llegada a Barajas fue sometido a un interrogatorio humillante y perdonavidas por el funcionario encargado de estampillarle la entrada, la lista de agravios con respecto a nuestra flamante identidad europea, modales desenfadados o agresivos y culto desmedido al dinero podr�a formar un variado y melanc�lico anecdotario.
3. El contraste entre la recepci�n cordial de los emigrantes espa�oles
hace cincuenta a�os por una Argentina entonces boyante, situada en el pelot�n de los diez primeros pa�ses con mayor renta per c�pita y la dispensada hoy, cuando los papeles se han invertido y de solicitantes hemos pasado a ser solicitados, no puede ser m�s chocante.
4. La sociedad espa�ola de los noventa, advert�an con desilusi�n y tristeza, se ha transformado al menos para ellos en algo muy distinto de la que sus padres conocieron: una sociedad de nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos.
En resumen, los espa�oles son unos nuevos ricos agresivos que tratan mal a los menos afortunados. Los argentinos son presentados como m�s humildes y m�s genuinamente intelectuales.
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II.
5. La mutaci�n de nuestro pa�s tocante a la consideraci�n �tico-social del dinero se remonta, como sabemos, a la d�cada de los sesenta.
6. La llegada al gobierno franquista de los tecn�cratas
vinculados al Opus Dei desempe�� en el hecho un papel primordial, a todas luces hist�rico: disculpabiliz� las siempre ambiguas relaciones del catolicismo espa�ol de la Contrarreforma con el capital y permiti� lo que podr�amos denominar acumulaci�n primitiva de �ste, fundada en la filosof�a de un r�pido y desmesurado enriquecimiento; bajo este concepto cabe considerar a aquel escogido grupo de magnates de la banca e industria como aut�nticos calvinistas.
7. Dicho proceso era sin duda indispensable y fue el motor de la tard�a modernizaci�n de Espa�a.
8. La ruptura de las relaciones tradicionales o arcaicas, la adopci�n de nuevas normas de conducta, los leg�timos deseos de mayor bienestar material minaron las bases del r�gimen franquista y facilitaron su desmontaje incruento a la muerte del dictador.
9. Hoy, Espa�a, tras el necesario aprendizaje del sistema de producci�n capitalista y su invenci�n incesante de nuevas
necesidades destinada a convertir al ciudadano en consumidor, ha pasado de esa fase de acumulaci�n primitiva de capital a la de una acumulaci�n �desarrollada�
10. Pero, sorprendentemente, la mentalidad anterior, correspondiente a la fase primitiva - la del get rich quick de los sesenta- pervive a�n e impregna el conjunto de las relaciones sociales.
11. La madurez y desenvolvimiento de las estructuras econ�micas no se han traducido en una madurez y desenvolvimiento paralelos de los h�bitos mentales: la tendencia a un provecho inmediato y f�cil -no compensado con la existencia de una �tica social democr�tico-protesta
12. Las fortunas ingentes acumuladas en unos pocos a�os por especuladores diestros, no suscitan
recelo sino envidia y admiraci�n.
13. Ganar dinero como sea y ostentarlo sin complejo -esos rasgos caracter�sticos de la acumulaci�n primitiva de los sesenta- siguen siendo los elementos fundamentales del ideal propuesto.
14. De ah� esa impresi�n de jactancia y prepotencia que el visitante de pa�ses econ�micamente deprimidos o brutalmente explotados saca de nosotros -conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen de los dem�s pa�ses europeos m�s o menos adaptados a las exigencias de un capitalismo desarrollado y no se compaginan con la din�mica real de nuestra econom�a ni nuestra evoluci�n social.
En resumen, Espa�a se ha desarrollado econ�micamente pero no mentalmente. El autor denuncia el capitalismo pero de una manera ambigua. Asocia la Espa�a de 1990 con la de Franco y con una mentalidad norteamericana. Considera inmadura Espa�a e insiste que la visi�n de Espa�a de los forasteros es negativa.
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class="titulo2">III.
15. Junto a ello, el esp�ritu de iniciativa individual, inherente a la ascensi�n de la clase social burguesa, se confundi� en la pen�nsula, por razones finamente analizadas por Am�rico Castro, en lo que �ste denomina �separatismo de persona�: en lugar de la mesura y respeto de las opiniones ajenas necesarios al ejercicio de la libertad, nuestra falta de experiencia en el tema se manifest� casi siempre, en los cortos periodos de r�gimen democr�tico de la historia espa�ola, en el abuso generalizado de aqu�lla.
16. La feliz aclimataci�n de la democracia en Espa�a no ha eliminado con todo un h�bito s�lidamente arraigado: la convicci�n tozuda de ser titular cada cual de infinidad de derechos pero de ning�n deber.
17. Dicha creencia, que tanto sorprende a los forasteros, se manifiesta de forma lamentable en el contenido y tono de nuestra prensa.
18. El �amarillismo� m�s descarado se ha
extendido en efecto en los �ltimos a�os desde las revistas tradicionalmente especializadas en �l a la mayor�a de publicaciones de informaci�n semanal y, de la magra dieta de partidos de f�tbol, corridas de toros y discursos del Caudillo en sus aniversarios e inauguraciones, hemos pasado al men� cuidadosamente ali�ado de la vidas y haza�as p�blicas y privadas de una cincuentena de famosos: lectura de sobrecogedora indigencia y embotamiento de la facultad de pensar que muestran bien claro la manipulaci�n de la libertad de opinar al servicio de una pol�tica de ventas oportunista y degradante.
En resumen, el autor considera que los espa�oles no han adquirido todav�a costumbres democr�ticas y que la prensa espa�ola es sensacionalista.
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IV.
19. En una sociedad desmemoriada como la nuestra, en la que en un lapso a veces muy breve se incumplen promesas solemnes, se cambian las chaquetas y se salta del donde dije
digo dije diego en menos de un pesta�eo se puede escribir lo que sale del cuelga cuelga -si se sabe escoger bien el blanco- con perfecta impunidad.
20. Nuestra actitud de nuevos libres nos diferencia de inmediato de los dem�s alumnos de la clase.
21. Cuando mis amigos argentinos apuntaban al fen�meno y sus consecuencias funestas para las v�ctimas f�ciles de esa difusa agresividad, los hechos, desgraciadamente, les dan la raz�n.
22. Si la mirada de los dem�s forma parte del conocimiento global de nosotros mismos, los espa�oles no podemos ignorar la manera en que somos vistos desde fuera por quienes comparten, no obstante, con nosotros una misma cultura y lengua.
En resumen, el autor considera que los espa�oles son superficiales y que son mal vistos por los otros.
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V.
23. El ingreso de Espa�a en la Comunidad Econ�mica Europea es un acontecimiento
positivo en la medida en que permite liquidar un debate que ha polarizado durante m�s de dos siglos la vida intelectual hispana: el problema de nuestra europeizaci�n.
24. Los hombres m�s l�cidos del siglo XVIII advirtieron el retraso de Espa�a con respecto a sus vecinos del Norte y sufrieron como un agravio la frasecilla, en verdad malintencionada, de L�Afrique commence aux Pyr�n�es.
25. La lucha entre los defensores de un particularismo espa�ol que nos diferenciar�a para siempre de los dem�s europeos y quienes quer�an colmar el vac�o existente entre Espa�a y Europa y negaban, por tanto, la existencia de aqu�l, desbord�, como sabemos, en el terreno pol�tico y encon� las guerras civiles del siglo XIX y la sangr�a de 1936-1939.
26. La postura de los primeros se basaba en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y err�neas: hablaban, como Ganivet, de una misteriosa esencia espa�ola �a prueba de milenios�, negando el
hecho de que la Espa�a real fuera el resultado de una serie -eso s�, �nica- de mezclas culturales y vicisitudes hist�ricas.
En resumen, el autor se muestra ambiguo frente al ingreso de Espa�a en la UE. Considera sin embargo que el ingreso zanja la discusi�n a prop�sito de si Espa�a pertenece o no a Europa culturalmente. Rechaza la idea de un particularismo espa�ol.
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VI.
27. Como consecuencia del descr�dito de las doctrinas sostenidas primero por los tradicionalistas y luego por la Falange, los espa�oles han tendido en las �ltimas d�cadas a presentar una imagen de s� mismos que exclu�a cuidadosamente cuanto no era juzgado puramente europeo: as�, en vez de reivindicar nuestra �occidentalidad matizada de elementos semitas� (Am�rico Castro), consideraban a �stos como un vergonzoso estigma si, saliendo de su casilla de vestigios muertos, probaban su actualidad y vigencia.
28. En un momento en el que
nos hemos integrado econ�mica, pol�tica y culturalmente en Europa, ser�a hora de enterrar por fin la controversia y mirar a nuestro pasado sin anteojeras.
29. Una reflexi�n cr�tica sobre la historia peculiar de Espa�a nos ayudar�a, al rev�s, a percibir los elementos at�picos de nuestra cultura como una original�sima aportaci�n a la riqueza y diversidad cultural de Europa.
30. La mejor forma de ser europeos ser�a la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos.
31. Pero, una vez m�s, las mentalidades y h�bitos creados por situaciones hist�ricas rebasadas subsisten a su desaparici�n y, en muchos dominios de la vida social y cultural, seguimos aspirando todav�a a aparecer m�s europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo v�a Par�s, desde Nueva York.
32. Este influjo avasallador de la portentosa m�quina
cultural estadounidense es probablemente inevitable, pero requiere un m�nimo de discernimiento si no se quiere caer sucesivamente en todas sus trampas.
33. En cuando a la dependencia cultural de Francia, resulta en verdad excusable en un periodo en el que, desaparecidas casi todas las grandes figuras del mundo literario y art�stico parisiense, aqu�lla atraviesa una calma chicha similar a la nuestra y no puede procurarnos, por tanto, aliciente ni est�mulo.
34. Los divertidos comentarios de Juan Valera a los seguidores retrasados de la �ltima moda de Par�s no han perdido del todo su actualidad y, como en otras �pocas -pero sin una raz�n objetiva que los justifique- , el espect�culo que ofrecemos a menudo al observador puede resumirse gr�ficamente con las palabras de mi admirado Vicente Llorens acerca de �la confusi�n, el tropel innovador y el persistente anacronismo de la cultura espa�ola, que vive en los tiempos modernos no s�lo en una posici�n
de inseguridad, sino movi�ndose constantemente a contratiempo�
35. Mientras la curiosidad intelectual europea por otros mundos vivifica y renueva sus fuentes de inspiraci�n, dicha actitud receptiva y abierta es percibida todav�a entre nosotros como un resabio o extravagancia y suscita de ordinario la reprobaci�n; y as�, en vez de seguir el ejemplo de Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz o Cervantes -esos creadores geniales del �rbol de nuestra literatura- , preferimos correr tras la �ltima moda dirty o light y empe�arnos en considerar a Tom Wolfe como un gran artista.
En resumen, el autor considera que los espa�oles se niegan a ver la cultura como la ve el autor, es decir, marcada por ciertos escritores de la Edad Media y del Renacimiento. El autor considera que los Estados Unidos y Francia no tienen nada que ofrecer a Espa�a en el campo cultural. Como contraste, destaca cierta literatura medieval y renacentista
espa�ola.
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VII.
36. Nuevos europeos en vez de europeos a secas somos v�ctimas sin saberlo de la inercia de unos h�bitos mentales forjados en la �poca de nuestro atraso.
37. La labor de contribuir con nuestra propia especificidad a la cultura de la casa com�n abierta con la ca�da del tel�n de acero se ve obstaculizada por la ignorancia, al menos en el �mbito literario, de lo que Espa�a puede aportar a una agrupaci�n continental cimentada en los valores del pluralismo, �smosis e intercambio.
En resumen, el autor critica la inercia mental de los espa�oles, ignorantes de la parte de la literatura espa�ola que m�s valora el autor.
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VIII.
38. En corto: los comentarios de mis interlocutores de Buenos Aires revelaban, nos guste o no, el modo en que los espa�oles somos percibidos desde fuera y el hecho de que la prepotencia y af�n de lucro que
reprochamos con raz�n a nuestros dirigentes son el becerro de oro de una gran parte de nuestra sociedad.
39. Resulta, pues, comprensible que un n�mero creciente de extranjeros -ya aferrados a unos valores humanos ca�dos aqu� en desuso o de vuelta a ellos tras su desenga�o de los trampantojos del capitalismo real- se sientan defraudados y ajenos a la euforia creada por tanta novedad.
40. La sociedad espa�ola actual, �resulta moralmente inc�moda y desapacible, como sosten�a un colega?
41. A pique de agravar mi s�lida reputaci�n antipatri�tica forjada ad vitam aeternam por los servicios de propaganda de Franco, concluir� esas breves reflexiones, enhebradas durante mi estancia en Buenos Aires, con la expresi�n de mi sentimiento de que las circunstancias parecen darle raz�n.
En resumen, el autor critica la importancia que, seg�n �l, dan los espa�oles al dinero y se presenta como
perseguido.
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An�lisis general
Frente a Europa, el autor adopta una actitud ambigua: por un lado insin�a que �l es m�s europeo que los espa�oles, provincianos ellos, pero por otro tilda a Europa de capitalista y a�ade que Francia no tiene nada que aportar culturalmente a Espa�a en los momentos en que est� escribiendo. El se presenta como capaz de juzgar en qu� fase de desarrollo est�n los espa�oles. Homogeneiza: todos los espa�oles son iguales, seg�n �l.
Menciona una y otra vez el franquismo, que es su propia justificaci�n por reclamar una posici�n diferente dentro del panorama espa�ol. Desde hace varias d�cadas, Goytisolo lleva una campa�a para hacer aceptar su versi�n de la historia y la literatura espa�olas y, en esas versiones, hay un espacio amplio para la influencia �rabe y musulmana y para la sexualidad en todas sus formas. Se notan en el art�culo las ideas de siempre del autor y de su manera t�pica de
redactar. Unos ejemplos:
1. La cultura espa�ola est� marcada por la temprana influencia �rabe-musulmana.
2. La Espa�a de 1990 sigue marcada por el atraso y por el franquismo.
3. El autor se presenta como perseguido en Espa�a.
4. El autor salta entre �pocas y situaciones muy diferentes.
5. Pronuncia unas afirmaciones contundentes en diferentes campos sin ofrecer pruebas.
6. Es agresivo cuando habla de Espa�a.
El texto utiliza una serie de t�cnicas ret�ricas para establecer la autoridad del autor. Al comienzo y al final del art�culo, el autor habla de su propio viaje, de sus interlocutores y de su propia evaluaci�n, usando la primera persona. Se refiere a una informaci�n que �l ha recibido, y los lectores dif�cilmente podemos discutir las afirmaciones del autor porque no hemos estado presentes en las mismas situaciones. Una t�cnica similar es el
uso de la primera persona plural que suele indicar cercan�a y conocimiento personal. Para quien s�lo echa un vistazo al texto, el art�culo puede parecer una autocr�tica que incluye al propio autor.
El autor tambi�n utiliza el conocimiento del lector de qui�n es �l. Cuando se pronuncia sobre la situaci�n cultural en Francia, sobre los autores espa�oles no suficientemente apreciados en Espa�a o la situaci�n pol�tica en Europa, el autor cuenta con que el lector sabe que �l es un escritor famoso que ha publicado ensayos sobre diferentes temas y ha vivido en el extranjero.
Otra t�cnica es que el autor utiliza un lenguaje y una sintaxis muy cultos combinados con referencias a la historia y a la literatura que podr�an intimidar a un lector dispuesto a protestar contra el contenido del art�culo. El resultado es que un lector no especializado en los mismos temas que Goytisolo puede sentirse frustrado: es atacado pero no tiene armas para defenderse.
Otro rasgo destacado que excluye a los lectores es que si las referencias no son concretas y privadas son muy abstractas y generales. En las primeras l�neas, Goytisolo afirma que los espa�oles tratan peor a los argentinos de lo que ellos trataron a los espa�oles hace medio siglo. Para contradecir eso, el lector tiene que saber c�mo tratan de verdad los espa�oles hoy a los argentinos, c�mo trataron de verdad los argentinos a los espa�oles hace medio siglo y si son comparables las situaciones. Es decir, hace falta tener unos conocimientos especializados y haber estudiado el asunto para no caer en el mismo tipo de generalizaciones que el autor. Adem�s, criticar la afirmaci�n de Goytisolo ser�a criticar a los argentinos, lo cual ser�a descort�s. Se junta a todo eso el hecho de que el lector puede reconocer ciertos elementos de verdad en algunas afirmaciones pero creer que las proporciones son exageradas. El art�culo constituye un ataque en toda regla contra los
espa�oles.
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Primera persona plural
Uno de los recursos ret�ricos utilizados por el autor, quiz� el principal, es la primera persona plural. Se trata de un uso poco frecuente, agresivo. En vez de se�alar una solidaridad constituye un ataque. La palabra nuestro viene 18 veces y con alguna posible excepci�n, siempre de forma negativa para los espa�oles. Ya en la primera oraci�n viene la expresi�n nuestra presunta �capital cultural de Europa� y en la segunda nuestra flamante identidad europea. Se habla a continuaci�n de nuestra falta de experiencia, nuestra sociedad desmemoriada, el problema de nuestra europeizaci�n y nuestro atraso. Se podr�a hablar de un acondicionamiento del lector: el autor crea una asociaci�n entre lo espa�ol y lo negativo, un rechazo hacia lo espa�ol similar al que parece sentir el autor desde su juventud. Los pronombres nosotros y nos se usan 14 veces y
siempre en sentido negativo. Por ejemplo se habla de la conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen.
La forma verbal de la primera persona plural se utiliza 14 veces. La primera persona se utiliza en la voz pasiva para expresar c�mo somos vistos, nosotros los espa�oles. La primera persona plural se usa tambi�n en la expresi�n como sabemos para indicar que lo que se dice es evidente. Un uso similar es cuando el autor dice podr�amos denominar que se puede leer como un �nosotros� que reemplaza un �yo�. El autor dice no podemos ignorar cuando de lo que se trata es que �l considera que los espa�oles no deben ignorar un asunto. La expresi�n el espect�culo que ofrecemos trasmite la idea de que, seg�n su opini�n, los espa�oles deber�an actuar de manera diferente. Habla de lo que reprochamos a nuestros dirigentes, cuando parece querer decir que �l piensa que los espa�oles deber�an reprochar cierta conducta a
sus dirigentes. Una frase interesante es somos v�ctimas sin saberlo porque, supuestamente, los espa�oles no saben lo que les pasa pero el autor s�.
Si alguien todav�a duda de la agresividad del autor contra los espa�oles, se puede destacar que el autor da el tono ya en la segunda oraci�n utilizando unas expresiones muy fuertes como�sudaca, como un cantazo, en plena cara, lo que vale decir que el autor acusa a los espa�oles de racistas y violentos. El autor utiliza dos veces la palabra agresivo refiri�ndose a los espa�oles.
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Lenguaje culto, abstracto y valorativo
Las oraciones son largas y el vocabulario culto. Hace falta cierto nivel cultural para no sentirse excluido por palabras como ostentaci�n, anecdotario, calvinistas, magnate, recelo, embotamiento, lapso, agravio, vicisitudes, aliciente y lucro.
Es un texto caracterizado por sus muchos
sustantivos y adjetivos. El nivel de abstracci�n es alto, a pesar de las referencias a la situaci�n personal del autor ya mencionadas. En las oraciones 9 - 14, los sustantivos son los siguientes: aprendizaje, sistema, producci�n, invenci�n, necesidades, ciudadano, consumidor, fase, acumulaci�n, capital, acumulaci�n (viene repetida la palabra), cong�neres, mentalidad, fase, conjunto, relaciones, madurez, desenvolvimiento, estructuras, madurez, desenvolvimiento, h�bitos, tendencia, provecho, existencia, �tica, funcionamiento, econom�a, fortunas, a�os, especuladores, recelo, envidia, admiraci�n, dinero, complejo, rasgos, acumulaci�n, elementos, ideal, impresi�n, jactancia, prepotencia, visitante, pa�ses, conducta, mentalidad, pa�ses, exigencias, capitalismo, din�mica, econom�a y evoluci�n. Todo esto quiere decir, que Goytisolo se dirige a un lector espa�ol culto. Adem�s, las abstracciones invitan al lector a aceptar las evaluaciones en las que se basan las
abstracciones. Hace falta estar muy atento para reaccionar y preguntarse en qu� se basa el autor para fundamentar sus afirmaciones.
Es tambi�n llamativo el gran n�mero de adjetivos presentes en el texto. En un recuento de los adjetivos y de los participios pasados usados como adjetivos, se llega a unos 255. Hay oraciones con hasta 13 adjetivos y, precisamente, el autor abre el art�culo con una oraci�n que contiene los 13 adjetivos siguientes: reciente, sumido, profunda, social, econ�mica, intelectual, epid�rmico, presunta, cultural, vasto, llamativo, actual y espa�ola. Como los sustantivos, los adjetivos se caracterizan por un alto nivel de abstracci�n. De manera general, los sustantivos y los adjetivos expresan el mismo tipo de concepto y podr�an cambiar de posici�n. Esta densidad de adjetivos da un car�cter culto al lenguaje a la vez que limita la libertad del lector porque el autor a�ade una valoraci�n a lo que cuenta y se�ala as� cu�l es la
interpretaci�
El espa�ol dispone de dos maneras de colocar un adjetivo en la funci�n de determinante de un sustantivo. Adem�s de la colocaci�n normal de adjetivos como �grande� y �bueno� delante del sustantivo, se notan en el texto una acumulaci�n y unos usos rebuscados de adjetivos antepuestos: un vasto y llamativo sector, devaluados australes, aquel escogido grupo de magnates, la tard�a modernizaci�n de Espa�a, los leg�timos deseos, el necesario aprendizaje, cortos periodos, la feliz aclimataci�n, la magra dieta, con perfecta impunidad, la portentosa m�quina cultural, los divertidos comentarios y esas breves reflexiones. Las expresiones citadas no solamente tienen adjetivos antepuestos sino varias veces hasta parejas de adjetivos antepuestos. Indican una voluntad de escribir una prosa culta.
En su af�n de usar un
vocabulario rico y variado, autor introduce algunas variantes personales. Los que han le�do otros textos suyos pueden adivinar que epid�rmico significa aqu� �duro�. El autor utiliza en la �ltima oraci�n la expresi�n ir a la pique, pero seg�n el DRAE la expresi�n es irse a pique en el sentido de �malograrse�.
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Iron�a o sarcasmo
El autor se posiciona en el texto como alguien muy culto y, desde esta posici�n, muestra su distancia de los espa�oles, usando una serie de dispositivos ir�nicos. Uno es el uso de las comillas para referirse a�nuestra presunta �capital cultural de Europa�. Es decir, que pone en cuesti�n el estatus de capital cultural tanto por la palabra presunta como por las comillas. Hace algo similar cuando habla de una acumulaci�n de capital �desarrollada�
prueba de milenios�.
El autor usa tambi�n las comillas de manera convencional para citas, s�lo que no se entiende muy bien por qu� utiliza algunas citas. Cuando el autor cita a Am�rico Castro hablando de �separatismo de la persona� es poco claro a lo que se refiere. Es m�s clara la segunda cita de Am�rico Castro porque expresa una idea favorita de Goytisolo, la de la occidentalidad matizada de elementos semitas. Sin embargo, no se ve por qu� cita a Vicente Llorens, un favorito personal del autor pero no muy conocido. El contenido de la cita reitera la afirmaci�n sostenida por el autor de que los espa�oles sufren de un retraso cultural pero si el lector no conoce a Llorens, la cita no funciona como refuerzo a la argumentaci�n de Goytisolo.
Tambi�n vale la pena estudiar la utilizaci�n del autor de la cursiva. Las palabras y expresiones que vienen en cursiva en el texto son las siguientes: sudaca, nuevos
ricos, nuevos libres y nuevos europeos, get rich quick, famosos, nuevos libres, L�Afrique commence aux Pyr�n�es, dirty o light, tel�n de acero, novedad y ad vitam aeternam. Es decir que el autor usa la cursiva para destacar su cr�tica contra los espa�oles y para las expresiones en otras lenguas que, simult�neamente, sirven reforzar la idea de que el autor es culto. No se entiende bien por qu� el autor pone en cursiva la expresi�n tel�n de acero que, adem�s, tiene poco que ver con el contenido.
El mundo del autor es un mundo en blanco y negro. El autor menciona unos cuantos nombres propios y vienen marcados claramente con valor positivo o negativo. Los que tienen un valor positivo para el autor son Am�rico Castro (a quien se menciona dos veces), Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz, Cervantes, Valera y Vicente Llorens. Los que tienen un valor negativo son Tom Wolfe, Ganivet y Franco (llamado tambi�n el Caudillo, el
dictador y presente tambi�n en el adjetivo franquista).
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Lo europeo, lo franc�s y lo norteamericano
Lo europeo se menciona constantemente, 17 veces, pero de un modo ambiguo. El concepto de �europeo� viene asociado a �rico� y �libre� pero tambi�n a �maduro�. Esta ambig�edad dificulta la comprensi�n del texto porque a veces lo europeo es un valor positivo y a veces un valor negativo. El valor que adquiere la palabra es el que quiere darle el autor en cada momento. Cuando se habla de los dem�s pa�ses europeos, la palabra �europeo� significa una aceptaci�n de los dem�s pa�ses y una cr�tica contra Espa�a. Cuando la palabra �europeo� se utiliza junto con �nuevo�, el uso es directamente ir�nico, indicando que los espa�oles apenas son europeos en el sentido positivo. Fundamentalmente, la palabra se utiliza para insultar a los espa�oles.
Vale la pena comentar un poco m�s dos oraciones. Se dice
primero: La mejor forma de ser europeos ser�a la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos. Un poco m�s lejos, sin embargo, se dice: Pero, una vez m�s, las mentalidades y h�bitos creados por situaciones hist�ricas rebasadas subsisten a su desaparici�n y, en muchos dominios de la vida social y cultura, seguimos aspirando todav�a a aparecer m�s europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo v�a Par�s, desde Nueva York. Por un lado, parece que se puede ser europeo con naturalidad y eso ser�a positivo pero, por otro lado, los espa�oles, criticados por no ser suficientemente europeos todav�a, son criticados por querer ir demasiado lejos y dejarse americanizar. �En qu� quedamos?
Se puede destacar tambi�n que Europa se asocia sobre todo al desarrollo econ�mico, siempre muy ambiguo para Goytisolo, y no en primer lugar a la cultura, la
democracia y la libertad.
Se constata que desde hace siglos los franceses critican el atraso de Espa�a, diciendo que �L�Afrique commence aux Pyr�n�es�. El hecho de citar la frase es ambiguo. El autor da muestras de su propia cultura, une su voz a la cr�tica de los franceses a la vez que esta cr�tica le duele un poco como espa�ol. A prop�sito de la influencia cultural de Par�s, el autor tambi�n es ambiguo. Se junta a la mofa de Valera sobre los imitadores retrasados de la moda parisiense pero al mismo tiempo afirma que, cuando est� escribiendo �l mismo en 1990, Espa�a no puede aprender nada de Francia porque Francia atraviesa un momento cultural poco interesante. Sin embargo, diciendo esto, el autor insin�a que �l mismo conoce bien la situaci�n en Par�s y en otras �pocas s� suced�an cosas importantes all�.
Los Estados Unidos son presentes a trav�s de la lengua inglesa y algunas menciones, siempre negativas. En cursiva est� la expresi�n
get rich quick, supuestamente un lema de los a�os sesenta, y los adjetivos dirty o light, usados como t�rminos para referirse a subg�neros de mala literatura. El escritor estadounidense Tom Wolfe es elegido como ejemplo de un mal escritor. Se culpa a la portentosa m�quina cultural estadounidense de ejercer una influencia negativa en los espa�oles y el autor recomienda cautela para no caer en las trampas que �l ha identificado.
Al contrario, como ya se ha observado, seg�n el autor los espa�oles deber�an dejarse inspirar por los autores de la Edad Media y del Renacimiento favoritos del autor y asociados a la cultura musulmana y jud�a.
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Un autor omnisciente
El autor construye su texto incluyendo referencias hist�ricas tomadas de diferentes �pocas y pa�ses, mezcladas con datos de la actualidad. Habla de temas muy variados: los vestigios de la presencia semita en la Edad Media, sus autores
favoritos de la Edad Media y del Renacimiento, la Contrarreforma, los esp�ritus l�cidos del siglo XVIII, las guerras civiles del siglo XIX y la guerra civil del siglo XX, el franquismo, la situaci�n en Argentina en los a�os cuarenta y cincuenta, la entrada de los tecn�cratas en el gobierno franquista en los a�os sesenta, el get rich quick, supuestamente tambi�n de los a�os sesenta, y la influencia cultural francesa y estadounidense.
El autor es escritor; no es ni historiador ni cr�tico literario pero se pronuncia sobre asuntos que pertenecen a estos dos campos. Un historiador puede de vez en cuando hacer una comparaci�n entre diferentes situaciones hist�ricas, pero los historiadores suelen ser muy cautos con las comparaciones, porque precisamente dicen que influyen tantos factores que las situaciones nunca son exactamente iguales. La manera de Goytisolo de utilizar las referencias hist�ricas es problem�tica precisamente porque las afirmaciones pueden
contener algo de verdad sin ser correctas de manera global.
No s�lo se presenta como historiador y cr�tico literario. El autor tambi�n hace afirmaciones sobre la etnograf�a y antropolog�a cuando afirma saber c�mo piensan y c�mo son los espa�oles, los europeos y los argentinos. Tambi�n se atreve a hacer afirmaciones sobre la econom�a sin ser economista. Combina lo que dice sobre los cambios en la econom�na espa�ola con el m�todo ret�rico llamado �guilt by association�, presentando la realidad econ�mica espa�ola de 1990 como ligada no solo a Franco, a la Falange y al Opus Dei sino hasta a la Contrarreforma. Finalmente, tambi�n se pronuncia sobre c�mo es y c�mo deber�a ser la prensa.
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Contradicciones y ambig�edades
Goytisolo afirma: La lucha entre los defensores de un particularismo espa�ol que nos diferenciar�a para siempre de los dem�s europeos y quienes quer�an colmar el vac�o existente entre Espa�a y Europa y
negaban, por tanto, la existencia de que desbord�, como sabemos, en el terreno pol�tico y encon� las guerras civiles del siglo XIX y la sangr�a de 1936-1939.
Pero unas oraciones m�s adelante dice que Espa�a deber�a aportar a la cultura europea precisamente aquello en que es diferente, sus ra�ces sem�ticas. El lector puede preguntarse si el autor piensa o no que hay un particularismo espa�ol. Quiz� piensa que s� pero que el particularismo que �l ve es diferente del particularismo que quiere denunciar. En otras palabras, es ambiguo.
N�tese c�mo �libre� y �europeo� se convierte en algo negativo por la asociaci�n con �rico�, un concepto asociado con el t�rmino �capitalismo�, criticado por Goytisolo en el art�culo.
El autor no discute la diferencia entre la inmigraci�n legal e ilegal y tampoco la raz�n por la que Argentina est� sumida en una crisis. No aporta pruebas de que los argentinos sean m�s cultos o curiosos que
los espa�oles. La fuente o la garant�a de las afirmaciones es el propio autor. Es decir, si el lector cree que el autor est� bien informado y responsable, el art�culo funciona ret�ricamente; si el lector nota la ausencia de pruebas o la exageraci�n, podr�a empezar a cuestionar las afirmaciones del autor.
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La imagen del propio autor
La imagen que da de s� mismo el autor es de alguien de vastos conocimientos, que tiene presente toda la historia europea, la literatura, los ambientes culturales y pol�ticos en Francia y en Espa�a, la econom�a, la prensa, de alguien que viaja, que tiene amigos en otros pa�ses y que est� preparado a criticar su propia cultura. El autor conoce bien los cl�sicos literarios espa�oles y desprecia la literatura popular y las modas literarias. En cuanto a la cultura medi�tica, ve lo superficial que es. Tambi�n desprecia la jactancia de sus compatriotas menos cultos que �l.
Para entender bien
lo que dice el autor, el lector tiene que saber algo de �l. Cuando habla de pluralidad, �smosis e intercambio, se suele referir al mundo musulm�n. El autor quiere que la cultura espa�ola incorpore rasgos de la cultura musulmana, pero no al rev�s (Enkvist-Sahuquillo 2001). El autor ha encontrado precisamente en Am�rico Castro y Vicente Llorens a dos escritores que piensan como �l a prop�sito de esto. El lector entiende mejor por qu� el autor se atreve a pronunciarse con la contundencia que le caracteriza sobre Francia si sabe que Goytisolo durante mucho tiempo ha vivido una parte del a�o en Par�s. Cuando el autor habla de la mirada de los otros suena como algo tomado de las teor�as culturales en boga en Francia. La observaci�n sobre la europeizaci�n de los espa�oles insin�a que Goytisolo conoce bien la historia de las ideas en Espa�a, tan bien que puede pronunciarse sobre la relaci�n entre diferentes ideas y las sucesivas guerras en la Pen�nsula. El autor cita a Ganivet, a
Castro y Llorens sin indicar la fuente, como si los autores a los que �l suele citar fueran igual de conocidos por todos.
En ese texto tan abstracto, el autor establece una conexi�n con la realidad a trav�s de las referencias a las conversaciones que ha tenido en Buenos Aires. Adem�s, utiliza varias veces las expresiones real, verdadero y el hecho que: habla de la din�mica real de la econom�a y la evoluci�n social espa�olas, de posturas que se basan en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y err�neas, de la Espa�a real y de los trampantojos del capitalismo real y de diferentes situaciones que presenta como hechos. El autor sabe c�mo son las cosas.
Sus observaciones sobre la m�quina cultural de los EE.UU. y sobre la prensa espa�ola se�alan que el autor se ve como pertenenciente al grupo de progresistas. Su tono perentorio y moralizante podr�a hacernos pensar que �l es el primero
por ejemplo en sacar la conclusi�n de que la prensa es sensacionalista. El autor habla de la �tica en dos ocasiones. El art�culo da a entender que el autor est� en un nivel �tico m�s alto que los espa�oles que son nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos. El autor, libre y europeo desde hace tiempo, puede esudiarlos a ellos desde arriba.
El autor cierra el art�culo con la afirmaci�n de que para los franquistas �l resulta antipatri�tico. Si el lector tambi�n piensa que el autor es antipatri�tico se encuentra encerrado en un conjunto etiquetado como franquista. Esta es otra maniobra que coacciona la libertad del lector; el texto resulta autoritario. El autor proclama agresivos a los espa�oles, pero - �y �l mismo? Goytisolo termina el art�culo en el que ha atacado ferozmente a los espa�oles, proclam�ndose perseguido �l. Confunde a los lectores y dificulta la comprensi�n de lo que realmente dice.
El art�culo analizado parece
tratar de los espa�oles y de c�mo son. �Pero si en realidad tratara del propio autor? �De lo mal que se siente frente a s� mismo, de sus ganas de destacar como progresista, de sus fobias y querencias? (Enkvist - Sahuquillo 2001). Su uso del �nosotros� indica que vive inmerso en un psicodrama, una tensi�n entre �l y el contexto en el que naci�. En este drama hay dos actores: �l y el conjunto de los otros, los espa�oles. Est� claro tambi�n que qui�n tiene el papel de �bueno� y qui�nes el de �malo�.
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Bibliograf�a
Inkvist, Inger - Sahuquillo, �ngel. Los m�ltiples yos de Juan Goytisolo. Un estudio interdisciplinar. Instituto de estudios almerienses, Diputaci�n de Alm�ria, 2001.
Goytisolo, Juan. El bosque de las letras. Madrid: Alfaguara, 1995.
�� Ensayos escogidos. M�xico: Fondo de cultura econ�mica, 2007.
�� �Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos�.
El Pa�s,16 de noviembre de 1990.
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� Inger Enkvist 2010
Esp�culo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.

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